NO, una palabra que tenemos que aprender a usar (Parte 2)

Hay otro ámbito donde también es importante decir que NO, y es con nuestros hijos, en la crianza de ellos. Decirles “NO” es cuidarlos, es poner límites a sus demandas, es enseñarles a construir su personalidad en base a limitaciones y frustraciones, junto a otros momentos de plena satisfacción.  

“No amamos más a nuestros hijos diciendo a todo que sí.”

Decimos siempre sí por variadas razones: en algunos casos por la culpa de no estar más tiempo con ellos, porque los vemos poco, porque nos acabamos de divorciar, porque sentimos que no estamos cumpliendo con las expectativas puestas en nosotros.

En otros casos, simplemente porque es la respuesta más fácil: Estamos cansados, tuvimos un mal día, o no tenemos paciencia para explicar los motivos de un NO, así que cedemos; es más sencillo y nos prometemos que la próxima vez lo haremos de otro modo. Entonces pueden saltar a los gritos en una sala de espera donde hay otros pacientes, pueden abrir todos los sobres de azúcar de un bar, pueden romper un adorno en un espacio público porque no estamos en casa, y muchas más escenas que nos resultan conocidas.

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No dimensionamos en ningún momento el daño que le hacemos a nuestros hijos. Necesitamos que crezcan sabiendo que no todo lo que desean es posible, y tolerar la frustración de no tenerlo todo es sano. Es importante en su formación que aprendan a respetar su entorno, respetar a otras personas, sean o no conocidas, respetar el espacio del otro, y respetar los valores de otros.

“Aprendiendo lo más básico aprenderán luego lo importante.”

Es difícil soportar el berrinche y armarse de paciencia cuando uno está cansado y agotado de todo un día.  En esos momentos de crisis, hagamos un esfuerzo y pensemos que decir que NO, con una explicación breve pero clara, hará que cada vez los berrinches o caprichos disminuyan. Los hará más fuertes como niños, con más autoestima, con más capacidad de crítica, más tolerantes a su entorno y con mejor capacidad de adaptación.  Los estaremos cuidando. Los chicos no reclaman en los padres ser consentidos, somos los padres los que les enseñamos a serlo.

Si no pueden hacerlo solos busquen ayuda, o busquen asesoramiento, pero siempre pensando que es lo mejor que pueden hacer por sus hijos.

¿En qué pensás?