Nido vacío

Y se nos fue de repente…

¿En qué momento pasó, que no nos dimos cuenta? ¿Cuándo pasaron esos años en que teníamos la casa llena de chicos, juguetes tirados y peleas por quien usaba más el baño?

Nido vacío, una expresión simple, pero es eso todo lo que nos pasa?

La salida de los hijos del hogar familiar es un momento de bisagra en la familia. Existen numerosos modelos familiares que conviven en nuestra sociedad y en muchas de nuestras casas hay distintas generaciones de hijos, con lo cual este tema del nido sigue manteniendo su estatus. En otras familias los hijos no han vivido con uno de sus padres por divorcios previos, pero en todo caso esta idea de los “chicos crecidos e independientes del hogar” igual está presente, tanto en nidos más clásicos, así como en nidos más modernos.

Estamos hablando de padres y madres que están entre los 40 y pico y los 60 y tantos, tomando un rango de edad más o menos amplio.

¿Qué pasa con esa madre que armó su proyecto de vida alrededor de la crianza de sus hijos y ellos hoy ya no la necesitan del mismo modo? Ya viven fuera de la casa, armaron su propia pareja o familia o se fueron a vivir a otra ciudad en busca de un sueño, un estudio o un trabajo. ¿Qué hacemos con esas manos vacías de tareas, de horas de cocina o de levantarse a preparar el desayuno antes de ir al colegio?  O esas otras madres que corrieron durante años haciendo malabares entre el trabajo, los horarios de los chicos, las reuniones de padres y los turnos del pediatra.

En ambos casos, y en otros tantos singulares como madres o padres existen, (aunque afecta más a las mujeres que a los hombres) hay que dejar volar, hay que ser capaces de despedirnos de esos roles tal como los fuimos forjando y crear otros nuevos roles.

Por un lado, tenemos que reformular cómo nos seguimos vinculando con nuestros hijos. Aceptar que perdemos capacidad de controlarlos, de influenciarlos y así debe ser. Por otro lado, pensarnos a nosotros mismos; Podemos volver a ser estudiantes, podemos crearnos nuevos desafíos laborales o profesionales, podemos, podemos, podemos. Con una expectativa de vida cada vez más larga, sólo hemos llegado a la mitad del camino.

El riesgo en esta etapa es que hayamos perdido la dinámica de los cambios, que no seamos tan “amigables” con los cambios, que estemos un poquito atornillados a lo que sabemos hacer y a cómo lo sabemos hacer y nos cueste cambiar. Es posible que llenar esos tiempos, antes ocupados en los hijos, nos parezcan océanos, donde es difícil ver el horizonte. Que nos cueste respondernos a la pregunta de qué queremos hacer ahora que disponemos del tiempo del que nos quejábamos cuando nos faltaban horas en el día.

Por un lado, lo que nos pasa en modo individual y por otro lo que nos pasa con nuestra pareja. El espacio propio y el de la pareja cambia y se modifica. Cómo está ese vínculo, han pasado muchos años desde la época en que estábamos solos. Además de ser los padres de nuestros hijos, cómo está nuestro romance, nuestro amor.

Algunos temas para pensar y reflexionar: Cómo me cuido de no trasladar a mis hijos la queja por la soledad o el abandono del nido? Cómo me empiezo a preguntar qué quiero hacer y cómo lo quiero hacer? Qué pasa con mi pareja, ahora que podemos estar solos nuevamente? Pensar nuestras fortalezas, nuestras oportunidades de hacer nuevas cosas, proponernos desafíos, tener otro vínculo con nuestros hijos, ya no basado en necesidades o demandas sino entre adultos padres y adultos hijos.

Estados de ánimo que pueden aparecer en esta etapa: tristeza, melancolía, ansiedad, irritabilidad, soledad. En muchas mujeres esta etapa coincide con la entrada en la menopausia y a veces es difícil comprender cuántas de estas alteraciones en el ánimo o en el humor tienen su raíz en una u otra razón, o en ambas.

Les dejo unas líneas de un escrito que leí hace mucho:

Siempre supe que llegaría el día en el que decir adiós.

Pero ahora, cuando ya está aquí, no me sorprende que me preocupe.

Ahora el nido es nuestro, solo para nosotros dos, estamos juntos, abrázame fuerte, no te preocupes, va a ser divertido envejecer juntos.

Se que es parte de la naturaleza, salí de un nido así.

Pero ahora, cuando el momento llega, tengo un nudo en la garganta.

¿En qué pensás?