Sandra Ojman habló con la gente de “Todo por la Tarde”, de Mendoza.

En el programa radial mendocino “Todo por la Tarde” le hicieron una entrevista a Sandra acerca de cómo llevar adelante un microemprendimiento, de la idea a llevar a cabo y sobretodo del esfuerzo que conlleva.

Escuchá la nota completa en el siguiente audio

 

Convivencia

Cuando empezamos a esbozar la idea de irnos a vivir con nuestra pareja, comienzan a invadir nuestra cabeza muchos pensamientos de duda e incertidumbre, lo cual es lógico ya que nos encontramos frente a un cambio.

“¿Nos vamos a vivir juntos?”

“¡Qué momento!”

“¿Cuándo es el momento apropiado?”

“¿Es ahora oportuno?”

“¿Qué puedo ceder?”

“¿Qué pasa si todo sale mal?”

“¿No es muy rápido?”

“¿Qué puede salir mal?”

“¡Estamos tan bien juntos!”

“Es él, él es el indicado. Es ella, con ella quiero estar.”

“Le dije que sí, pero…”

“Al final pasamos más tiempo juntos que separados.”

“Se me vence el alquiler, estaría bueno compartir gastos.”

Estos son sólo algunas de las cosas que pasan por la cabeza de quienes están en la víspera de tomar una de las decisiones más importantes cuando se está en pareja.

No importa la edad, no es privativo de un momento particular de la vida. Algunos la han tomado más de una vez, otros una sola y otros irán directo a los votos matrimoniales, pero eso es otra historia.

¿Son válidas esas preguntas, los planteos, las inquietudes?

¡Por supuesto que lo son! Si pasan por tu cabeza y te angustian o te emocionan, son sentimientos y son dudas más que válidas y no tienen sólo que ver con el amor. Dejar el cepillo de dientes o pasar los fines de semana juntos no es vivir juntos.

Nuestra recomendación es que hablen sin tapujos, sin temores y sin vergüenzas.

Acuerden un código de convivencia, básico, pero que deje en claro las pautas de cómo sería, desde aspectos como la economía doméstica o la distribución de gastos, tanto como las responsabilidades, no dejar de lado las reuniones, los invitados y también las sorpresas.

Propónganse objetivos alcanzables y cumplibles. Si las condiciones están dadas, y se puede, hagan una prueba de 90 días, que pueden ser renovables. Si la casa elegida fue antes de alguno de los dos, vean cómo el nuevo integrante del hogar se instala, cómo hacemos espacio, cedemos lugar y hacemos que sienta esa su casa y no un invitado transitorio.

Aprendan a sustituir “mi casa”, por “nuestra casa” o “nos vemos en casa”

Las pequeñas cosas que hacemos  en la vida cotidiana son tan importantes como la declaración de intenciones. Es muy importante cuidarse mutuamente, proteger la sensibilidad del otro y resguardar espacios para estar solos. Esto es particularmente importante si ambos vienen de vivir solos por algún tiempo. Ensamblar una nueva cotidianeidad no se hace sólo con deseo; hay que abonar esa base, esa tierra fértil, con mimo, cuidado y respeto.

Si tienen dudas o están atravesando alguna situación de convivencia que les esté resultando difícil no duden en consultarnos. Pueden hacerlo a través de Whats App, al (+54) 11 6677-7756.

¿Por qué no puedo ser más tolerante?

 

“Me da mal humor que las cosas no salgan como quiero, que no se cumplan mis expectativas, que los demás no me den la razón.”

“Quiero eso, y lo quiero ya!”

“No quiero ni puedo esperar, no aguanto las colas, esperar en la consulta médica o en el banco a que me atiendan.”

¿Con cuántos de todos estos enunciados nos identificamos?

Lo que nos sucede es que no toleramos la frustración. No toleramos que las cosas no se hagan tal como lo tenemos imaginado en nuestro ideal. De ese modo es que surge, desde la irritabilidad y la falta de paciencia, las dificultades para delegar en otros tareas o roles.

Necesitamos de la inmediatez, la premisa de la falta de tiempo. No aceptamos que las cosas sigan su curso y avancen a su tiempo. Esto, aparentemente tan simple, para algunas personas es casi imposible de tolerar, lo que los lleva a intervenir constantemente, tanto en el plano laboral como familiar o social.

Cuando quienes están atrapados en la intolerancia sufren, lo hacen por la FRUSTRACIÓN que conlleva la intolerancia. Es un sentimiento o sensación sumamente desagradable, provocada por el deseo no cumplido, por el deseo no satisfecho. Para evitar adultos insatisfechos e intolerantes hay que formar jóvenes y niños fortalecidos emocionalmente.

Los niños pueden, de forma temprana, aprender a esperar, a calmar sus ansiedades, a recibir un NO como respuesta, cuando la demanda parece no acabar nunca. A aceptar que no se puede alcanzar todo lo que se desea y que eso no significa infelicidad o insatisfacción plena. A respetar tiempos y personas. A no avasallar en la demanda. A no invadir al otro con tal de satisfacer mi propia necesidad.

Niños aprendiendo a frustrarse en sus fases iniciales de formación, los hará emocionalmente más fuertes y podrán manejarse y andar por la vida más plenos, tolerantes y satisfechos y esos serán pilares en su mundo de relaciones.

Adolescentes en casa

Para empezar a hablar del tema sería muy útil tratar de no esquivar nuestra memoria.

Todos, absolutamente todos los adultos fuimos adolescentes y decir que las épocas han cambiado no justifica dejar la memoria arrinconada.

Y a diferencia de la niñez, que también todos transitamos, los recuerdos de la adolescencia son más sólidos y propios, no invadido por los relatos de los padres, tíos o abuelos, son recuerdos genuinos, y en todo caso, sólo enriquecidos por nuestra evocación.

Debemos comenzar entendiendo que los adolescentes están en plena etapa de intentar consolidar su propia identidad y que en ese proceso, tratan por todos los medios de diferenciarse de los adultos que los formaron: los padres, los docentes, la familia en general.

Se sienten cómodos y buscan estar entre iguales, entre su misma sintonía. Por eso buscan ir de vacaciones a lugares donde estén sus amigos, si aún son muy jóvenes para vacacionar solos, las salidas con padres son poco o nada deseadas, los eventos culturales son los de la propia tribu urbana, cultural o social.

Cuando esto empieza a emerger en una familia hay padres que optan por acercarse como “amigos”. Pero descuidan que nunca lo serán, y lo que es más importante no lo deben ser. Los amigos son los que eligen los hijos, el padre o la madre, tienen que ser eso, padre o madre. Si los padres se transforman en “amigos”, esos hijos dejan de tener padres. Es una pena, porque es lo que necesitan, tanto o más que antes, a sus padres y a sus límites.

Necesitan padres que abran el diálogo, que no pregunten interrogatorios cerrados del tipos, “a dónde fuiste”, “con quién fuiste”, “cuando volvés”, o “Que estás haciendo”.

Necesitan construir puentes en esa relación con preguntas abiertas, como “Cómo fue tu día”, “cómo lo pasaron” “qué resultó de ese tema que tanto te preocupaba”, mostrar interés y no control, por el control mismo.

El control sólo genera que las barreras se levanten y se corte el diálogo, lo viven como persecutorio.  Apagan los teléfonos y no responden. Nos dejan fuera.

Creen espacios para el intercambio de ideas y de conversación. Cenen sin el televisor encendido, dejen los teléfonos en una mesa auxiliar, salgan a caminar, hagan una actividad en forma conjunta al menos una vez por semana y siempre, siempre hablen.

Pero sobre todo ESCUCHEN, después pueden bajar línea y dar su opinión, pero siempre antes ESCUCHEN. Si los hijos perciben la escucha abierta y sincera, tenderán naturalmente a ser más abiertos, más claros y ese mundo cerrado adolescente podrá tener algunos claros que dejaran saber a esos padres dónde y cómo están sus hijos.

Es verdad que resulta útil conocer a los amigos, a las familias de los amigos y siempre es bueno que la casa esté abierta a recibirlos. Recibir a los amigos en casa da mucha información, siempre respetando el espacio de los hijos.

La prohibición solo refuerza el deseo de lo prohibido. Todos los adultos deberíamos aprender este enunciado como un mantra. Entender que siempre lo que se prohíbe se transforma en deseo puro, porque la rivalidad y la confrontación está en el ADN de la adolescencia.

Podés consultarnos sobre estos y otros temas vinculados con la crianza de tus hijos en CONULTAONLINE.NET

Nido vacío

Y se nos fue de repente…

¿En qué momento pasó, que no nos dimos cuenta? ¿Cuándo pasaron esos años en que teníamos la casa llena de chicos, juguetes tirados y peleas por quien usaba más el baño?

Nido vacío, una expresión simple, pero es eso todo lo que nos pasa?

La salida de los hijos del hogar familiar es un momento de bisagra en la familia. Existen numerosos modelos familiares que conviven en nuestra sociedad y en muchas de nuestras casas hay distintas generaciones de hijos, con lo cual este tema del nido sigue manteniendo su estatus. En otras familias los hijos no han vivido con uno de sus padres por divorcios previos, pero en todo caso esta idea de los “chicos crecidos e independientes del hogar” igual está presente, tanto en nidos más clásicos, así como en nidos más modernos.

Estamos hablando de padres y madres que están entre los 40 y pico y los 60 y tantos, tomando un rango de edad más o menos amplio.

¿Qué pasa con esa madre que armó su proyecto de vida alrededor de la crianza de sus hijos y ellos hoy ya no la necesitan del mismo modo? Ya viven fuera de la casa, armaron su propia pareja o familia o se fueron a vivir a otra ciudad en busca de un sueño, un estudio o un trabajo. ¿Qué hacemos con esas manos vacías de tareas, de horas de cocina o de levantarse a preparar el desayuno antes de ir al colegio?  O esas otras madres que corrieron durante años haciendo malabares entre el trabajo, los horarios de los chicos, las reuniones de padres y los turnos del pediatra.

En ambos casos, y en otros tantos singulares como madres o padres existen, (aunque afecta más a las mujeres que a los hombres) hay que dejar volar, hay que ser capaces de despedirnos de esos roles tal como los fuimos forjando y crear otros nuevos roles.

Por un lado, tenemos que reformular cómo nos seguimos vinculando con nuestros hijos. Aceptar que perdemos capacidad de controlarlos, de influenciarlos y así debe ser. Por otro lado, pensarnos a nosotros mismos; Podemos volver a ser estudiantes, podemos crearnos nuevos desafíos laborales o profesionales, podemos, podemos, podemos. Con una expectativa de vida cada vez más larga, sólo hemos llegado a la mitad del camino.

El riesgo en esta etapa es que hayamos perdido la dinámica de los cambios, que no seamos tan “amigables” con los cambios, que estemos un poquito atornillados a lo que sabemos hacer y a cómo lo sabemos hacer y nos cueste cambiar. Es posible que llenar esos tiempos, antes ocupados en los hijos, nos parezcan océanos, donde es difícil ver el horizonte. Que nos cueste respondernos a la pregunta de qué queremos hacer ahora que disponemos del tiempo del que nos quejábamos cuando nos faltaban horas en el día.

Por un lado, lo que nos pasa en modo individual y por otro lo que nos pasa con nuestra pareja. El espacio propio y el de la pareja cambia y se modifica. Cómo está ese vínculo, han pasado muchos años desde la época en que estábamos solos. Además de ser los padres de nuestros hijos, cómo está nuestro romance, nuestro amor.

Algunos temas para pensar y reflexionar: Cómo me cuido de no trasladar a mis hijos la queja por la soledad o el abandono del nido? Cómo me empiezo a preguntar qué quiero hacer y cómo lo quiero hacer? Qué pasa con mi pareja, ahora que podemos estar solos nuevamente? Pensar nuestras fortalezas, nuestras oportunidades de hacer nuevas cosas, proponernos desafíos, tener otro vínculo con nuestros hijos, ya no basado en necesidades o demandas sino entre adultos padres y adultos hijos.

Estados de ánimo que pueden aparecer en esta etapa: tristeza, melancolía, ansiedad, irritabilidad, soledad. En muchas mujeres esta etapa coincide con la entrada en la menopausia y a veces es difícil comprender cuántas de estas alteraciones en el ánimo o en el humor tienen su raíz en una u otra razón, o en ambas.

Les dejo unas líneas de un escrito que leí hace mucho:

Siempre supe que llegaría el día en el que decir adiós.

Pero ahora, cuando ya está aquí, no me sorprende que me preocupe.

Ahora el nido es nuestro, solo para nosotros dos, estamos juntos, abrázame fuerte, no te preocupes, va a ser divertido envejecer juntos.

Se que es parte de la naturaleza, salí de un nido así.

Pero ahora, cuando el momento llega, tengo un nudo en la garganta.

NO, una palabra que tenemos que aprender a usar (Parte 2)

Hay otro ámbito donde también es importante decir que NO, y es con nuestros hijos, en la crianza de ellos. Decirles “NO” es cuidarlos, es poner límites a sus demandas, es enseñarles a construir su personalidad en base a limitaciones y frustraciones, junto a otros momentos de plena satisfacción.  

“No amamos más a nuestros hijos diciendo a todo que sí.”

Decimos siempre sí por variadas razones: en algunos casos por la culpa de no estar más tiempo con ellos, porque los vemos poco, porque nos acabamos de divorciar, porque sentimos que no estamos cumpliendo con las expectativas puestas en nosotros.

En otros casos, simplemente porque es la respuesta más fácil: Estamos cansados, tuvimos un mal día, o no tenemos paciencia para explicar los motivos de un NO, así que cedemos; es más sencillo y nos prometemos que la próxima vez lo haremos de otro modo. Entonces pueden saltar a los gritos en una sala de espera donde hay otros pacientes, pueden abrir todos los sobres de azúcar de un bar, pueden romper un adorno en un espacio público porque no estamos en casa, y muchas más escenas que nos resultan conocidas.

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No dimensionamos en ningún momento el daño que le hacemos a nuestros hijos. Necesitamos que crezcan sabiendo que no todo lo que desean es posible, y tolerar la frustración de no tenerlo todo es sano. Es importante en su formación que aprendan a respetar su entorno, respetar a otras personas, sean o no conocidas, respetar el espacio del otro, y respetar los valores de otros.

“Aprendiendo lo más básico aprenderán luego lo importante.”

Es difícil soportar el berrinche y armarse de paciencia cuando uno está cansado y agotado de todo un día.  En esos momentos de crisis, hagamos un esfuerzo y pensemos que decir que NO, con una explicación breve pero clara, hará que cada vez los berrinches o caprichos disminuyan. Los hará más fuertes como niños, con más autoestima, con más capacidad de crítica, más tolerantes a su entorno y con mejor capacidad de adaptación.  Los estaremos cuidando. Los chicos no reclaman en los padres ser consentidos, somos los padres los que les enseñamos a serlo.

Si no pueden hacerlo solos busquen ayuda, o busquen asesoramiento, pero siempre pensando que es lo mejor que pueden hacer por sus hijos.